Vértigo somatomorfo
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Vértigo somatomorfo: vértigo sin causa física

A veces no se encuentra ninguna causa física del vértigo, aunque los síntomas físicos sean intensos. En este caso se habla de vértigo somatomorfo (del griego: soma = cuerpo) o vértigo psicógeno, que básicamente es un grupo de afecciones vertiginosas donde la psique desempeña un papel importante.

El vértigo somatomorfo puede manifestarse como vértigo no direccional rotatorio o postural. Si se asocia con trastornos mentales o emocionales típicos, los síntomas distintos del vértigo pueden ser, p. ej., taquicardia, disnea, náuseas o temblores (en el caso de trastornos de ansiedad y fobias) o trastornos del sueño y cefalea (en el caso de depresiones). Las pruebas neurológicas y de equilibrio no suelen arrojar resultados significativos. No obstante, lo que lleva a un miedo subjetivo a caerse es una sensación general de precariedad en los movimientos.

Un subtipo de vértigo somatomorfo es el vértigo postural fóbico. Se incluye en la categoría de los tipos más frecuentes de vértigo: el 15 por ciento de los pacientes con vértigo lo padecen de este tipo. Pueden aparecer numerosos síntomas adicionales. Las personas de entre 30 y 50 años son particularmente propensas a sufrir este tipo de vértigo. Los síntomas son a menudo producto de una enfermedad orgánica previa con crisis de vértigo. La razón es la persistencia del miedo a la siguiente crisis, pese a haberse tratado la causa subyacente. Por lo tanto, favorece la cronificación.

Los síntomas del vértigo somatomorfo se pueden tratar con terapia conductual. La depresión se puede tratar con medicamentos.

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